GRACIELA HUINAO
EN EL PAIS DE MI INFANCIA
Cuando el invierno
-imbatible guerrero-
dejaba caer sus armas
por el patio de mi casa.
Mi padre encendía la voz
para abrigarme bajo el calor
de sus relatos.
En su niñez
atrapó brujos y duendes
de los cuentos de sus anbuelos.
Ahora yo
los soltaba
bajo el calor
de un dulce mate.
Era mi país
el de mi infancia
donde empecé a encumbrar las ideas
sostenidas por el hilo invisible
que se enrollaba
en el alma de mi padre.
NAWEL BUTA
A veces
en las azules noches del sur
a mi puerta llega
el agónico canto vegetal
del Nawel Buta.
No sé si es
cuando agita sus ramas
protestando
porque le han arrancado los ojos
o en el momento
en que desangra sus ríos
por el mutilamiento
de sus brazos.
Se rompe mi alma
en angustiado canto de araucaria
y voces antiguas
acuden a mi puerta:
solo yo
entiendo sus lenguas
que frías de miedo
surcan la selva
para morir en ella.
En mis ojos
se pierden
las últimas estrellas.
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jueves, 25 de agosto de 2011
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